Ava Hudson la escorts de lujo

Ava Hudson la escorts de lujo

Ava Hudson es una escorts de lujo pero en sitio web se describe como una, “estudiante, profesora de yoga, viajera y escritora”, pero se define sobre todo como trabajadora del sexo. Y es una de las más exitosas de San Francisco. Según explica su agente Andre Shakti en una entrevista en ‘Mel’, solo atiende a los clientes más ricos y exclusivos aquellos que pueden pagar 600 dólares por un encuentro de hora y media con ella que pasan su exigente proceso de selección: ni siquiera habla con ellos por teléfono hasta que un asistente realiza una verificación detallada de sus antecedentes, que incluye llamar a sus referencias.

Hudson es consciente de que su trabajo es excepcional en la industria. No está de más recordar que la gran mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución son pobres, inmigrantes e indocumentadas. La escorts de lujo californiana, sin embargo, es de piel blanca, joven y tiene educación universitaria, algo que le permite cobrar tarifas excepcionalmente elevadas. Pero, pese a las pésimas condiciones de la mayoría de sus colegas, o quizás debido a ello, insiste en luchar por el reconocimiento del trabajo sexual como una profesión legítima.

Las cosas realmente escandalosas suceden cuando los profesionales del sexo se reúnen con otros profesionales del sexo

Ava Hudson comenta que cuando regresó a Canadá después de la universidad, era muy difícil conseguir un trabajo estable, incluso para un graduado de la Ivy League. Después de solicitar numerosos puestos de trabajo para los que estaba demasiado cualificada, y no obtener respuesta, uno de mis amantes me sugirió que podría ser “el momento” de recurrir al trabajo sexual. Cuando me di cuenta, estaba trabajando en una “sala de masajes” ilegal del centro de la ciudad. Esa experiencia fue muy dura. Al final, terminé siendo despedida de ese trabajo porque intenté sindicalizar a las mujeres.

Había estado queriendo probar el trabajo de dominatrix por un tiempo, así que cuando dejé la sala de masajes me dediqué a ello durante unos años, trabajando en múltiples sitios por todo Toronto. ¡Era una locura! El trabajo era intermitente pero intenso – un semana estaba volando a Florida para comer en la mansión de Versace, y la siguiente semana era silencio radiofónico total. Cuanto más avanzaba en la industria del sexo, menos miedo tenía de ella.

“Tenía mi propio chófer que me recogía y me llevaba a cualquier parte de la ciudad y veía a mis clientes en los hoteles y las viviendas más elegantes”, explica Hudson, la escorts de lujo. “Pero a pesar de las excelentes condiciones de trabajo, tras pasar algún tiempo en la agencia entendí que podía sacar más beneficios financieros si me lo montaba por mi cuenta”.

Amores y lujos

La escorts de lujo asegura concebir las sesiones de forma algo distinta a como imaginamos los encuentros con una prostituta (durante la entrevista evita usar la palabra prostituta): “Normalmente disfruto de una buena comida y conversación con los clientes al comenzar la sesión. Literatura, arte, filosofía… Casi cualquier cosa menos política. El cerebro es el mayor órgano sexual, si puedes estimular mi mente, entonces cautivas mi cuerpo”.

Aunque Hudson es muy optimista con su profesión, no todo es maravilloso. La joven que pertenece al selecto grupo de escorts de lujo, reconoce que este tipo de trabajo cambia la forma en que se viven las relaciones personales: “Que te paguen por hacer el amor ciertamente cambia algunas cosas. Lo más importante es que empecé a valorar mucho más el sexo que tengo en mi vida personal. Me he hecho más selectiva y refinada en la elección de mis amantes.

¿Qué pueden ofrecerme que no sea dinero o sexo? ¿Me siento segura siendo juguetona? Me comprometo menos ahora que cuando no trabajaba en esto. Me ha llevado a profundizar más en mis relaciones personales comprometidas y a una mayor ligereza en mis rollos casuales”.

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