Buena comida de polla en el autobús

Buena comida de polla en el autobús

Buena comida de polla en el autobús la que me hizo esa preciosa chica. Era un día triste y gris, el agua caía del cielo pidiendo permiso y mi jornada de trabajo no había sido como lo esperado. Todos los días recorro ciento sesenta km para ir a trabajar a Madrid y otro tanto de vuelta para casa. Me senté en la zona trasera del autobús, en el lado izquierdo. A la misma altura pero en el lado derecho se sentó una chica nueva en el trayecto, una joven muy atractiva pero un pelin jipi para mi. Todo transcurría con normalidad, quitando la atenta mirada que mantenía esa chica sobre mi. Cada vez que yo la miraba, ella cambiaba su mirada bruscamente hacia otro lugar. En un rato, eso me empezó a inquietar y hizo que yo no pudiera coger el sueño. Buena comida de polla en el autobús - Escort en Escorts2000

A ella, cada vez menos le importaba mirarme descaradamente, y en varios momentos nuestras miradas se fundieron. Harto de la situación, una situación realmente muy incómoda, me dirigí educadamente y le pregunté si pasaba algo, que no entendía por qué me observaba de ese modo, como si de algo nos conociéramos o como si buscara algo en mi. Ella, sin mediar palabra, se levanto de su asiento y se sentó justamente detrás de mi. “Hola, me llamo Angela”, me dijo. “Encantado Angela, yo José”, le contesté.

“Te observo, porque desde que te he visto deseo conocerte,  hablar contigo y  siendo sincera, llevo todo el camino excitada deseando sentirte”, me dijo. Yo, sorprendido, le contesté. “Pues en mal sitio nos hemos conocido, aquí adentro es un poco dificil que puedas llegar a sentirme, pero si nos llegamos a conocer en otro lugar, te hubiera dado las tres opciones; conocerme, hablar conmigo y sentirme”. Ella   levantó  su culo del asiento y metiendo la cabeza entre asientos me besó. Me hizo girarme y para cuando me di cuenta, sus manos acariciaban mi pene por fuera del pantalón. Me giré del todo y ella sacó mi juguete entre la cremallera, colocándome entre los dos asientos.

Ella en la fila de atrás mía, comenzó con una buena comida de polla en el autobús, a acariciar mi pene con su boca, con su lengua, con sus manos. Yo no me lo podía creer, de vez en cuando giraba mi cabeza para observar si los demás viajeros eran consciente de que a mi me estaban haciendo una buena comida de polla en el autobús y la verdad, que el autobús no iba lleno del todo, pero nadie miraba con cara de estar sorprendido. En diez minutos tuve mi orgasmo más silencioso hasta ese día y la chica al terminar se sentó junto a mi. “¿Te ha gustado?” me preguntó. “Me ha encantado Angela, has hecho que un día triste y gris, se me vuelva inolvidable”, le contesté yo. “He hecho lo que nada más verte he deseado, sentirte y ahora sentada junto a ti, hablar contigo y conocerte”, me contestó. Ahora hablo todos los días con ella por teléfono, creo, que de esta extraña aventura otras nuevas saldrán.

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