Edurne mi ex cuñada

Edurne mi ex cuñada

     Era un domingo a media mañana. Me encontraba en el jardín  de mi casa, leyendo y escuchando música de fondo. Era mi momento, mi rincón favorito, mi música y mi afición a disfrutar de la paz.
-Hola, buenos días-.
Me sorprendió escuchar el saludo de una voz femenina detrás de la valla. No esperaba a nadie. Abrí y quedé sorprendido. Era Edurne, mi ex cuñada, estaba allí, delante de mí. -¿puedo pasar? me preguntó. “Sí”.
Se puso a mi lado.
-¿Qué lees?
-Cincuenta sombras de Grey- le contesté.
-Es muy bonita esa música-.
-Es el directo de Sabina y Serrat, “Dos pájaros de un tiro”. ¿Te gusta ?
-No suelo escucharlos, pero esa canción es muy bonita. ¿Puedo sentarme aquí un rato?
-Claro- le contesté-. Coge una silla.
Cogió una silla, y se sentó frente a mí. Observé que llevaba una camiseta blanca, con un lindo  sujetador debajo. Una malla deportiva tan ajustada que me hizo pensar que no llevaba bragas. Volví a darme cuenta en ese momento de que tenía un cuerpo muy atractivo, y una cara cada día más bella. Observé su rostro, su cabello moreno rizado, sus ojos verdes. Ella me miraba, a su vez, con una sonrisa seductora, que me desconcertó. Le ofrecí un refresco o una cerveza y me dijo que sí.
-¿Qué haces los fines de semana que no tienes que ir al trabajo?
La pregunta me sorprendió.
-Los sábados por la mañana, hago esto que estás viendo, leer y escuchar música. Me gusta, me relaja, y siento mucha paz. Por las tardes, voy al paseo marítimo, me gusta pasear junto al mar, escuchar el rumor de las olas, y mirar al horizonte. Y por la noche, suelo salir a cenar con los amigos.
-¿A donde salis a cenar?
-Te lo puedes imaginar, a la sociedad de los amigos.
-¿Cuánto tiempo hace que estás solo?
– Desde que me dejó tu hermana por aquel individuo.
-¿Llevas cuatro años sin una mujer? ¿Por qué?
-¿Por qué me preguntas eso?
-¿Te he molestado?
-No quiero responder a esa pregunta.
-Al sentarme frente a ti, he visto cómo me mirabas. He visto en tu mirada el deseo. Debe de haber una razón poderosa para que estés haciendo ese sacrificio y no intentes rehacer tu vida, o es que ahora te gustan los hombres.
Guardé silencio. Me sentía incómodo.
La miré fijamente a los ojos.
-¿Por qué me sometes a este interrogatorio?
-No hace falta casarse para estar con una mujer.
-Eso ya lo sé- le contesté.- Tengo algún año más que tu. Y se que puedo estar o no estar, casarme o no casarme con una mujer.
– Aunque sea yo algo más joven, yo también lo sé. Todos tenemos las mismas necesidades.
-Tú tienes tu pareja, ¿qué necesidades?
-Las mismas que tú.
La miré sorprendido. ¿A qué estaba jugando?
-¿A ti te atraen los hombres que no son tu marido?- le pregunté.
-Sí- me contestó, con una seguridad y determinación, que me dejó descolocado. En cambio, ella sonrió al ver mi turbación.
-Ten cuidado. Puedes acabar siendo un juguete, que los hombres usen para sus fantasías, y después te dejen tirada, perdiendo lo que tienes en casa y buscaste fuera- le advertí.
-Eso no pasará, si encuentro al hombre apropiado.
-Es mejor que sigas siendo fiel a tu marido y te olvides de las tonterías que me estas diciendo- le aconsejé.
-No son tonterías, son deseos que tengo.
-Harías bien en hablarlo con tu marido y saber que os está pasando para solucionarlo.
-No quiero hablarlo con él. Esto quiero hablarlo contigo.
-Ya ves, que estás hablando conmigo, y te estoy diciendo lo que debes de hacer.
-Sé lo que estás diciendo, pero quiero saber lo que sientes.
La miré a los ojos fijamente. No me gustaba nada aquella situación.
-Y, ¿qué tengo que sentir yo? Sigo pensando que deberías hablar con tu marido y solucionar tu crisis.
-¿Por qué finges de esa manera? Sé que darías cualquier cosa por quitarme la ropa y follarme.
-Eso lo haría con una mujer que no hubiera sido mi cuñada durante catorce años. Esto no es un juego, Edurne. Estas cosas, se sabe cómo empiezan, pero nunca cómo acaban. Y suelen acabar mal. Cuando saltan los problemas, se empiezan a multiplicar y no tienen fin.
-Si no empiezo, nunca lo sabré.
-Por eso es bueno escuchar a los que sí lo sabemos. Edurne, ¿de verdad quieres tener una aventura conmigo? O eso es lo que parece.

-Lo deseo desde el primer día que te vi entrando en casa de mis padres con mi hermana. Y hoy he visto, cuando me he sentado aquí, frente a ti, que tú también me deseas.

     -También te he dicho que fueras fiel a tu marido y no me haces ni caso . Me quedé mirándola, sin saber qué decir ni qué pensar. Ella, mirándome fijamente a los ojos, se quitó la camiseta. Tenía unas tetas pequeñitas, pero firmes. Se me puso la polla dura. Las tetas han sido siempre mi debilidad. Se quitó la malla y comprobé que no llevaba braguitas. Tenía un cuerpo bellísimo. Era imposible resistirse. Sabía que era una locura, que, al final me arrepentiría. Pero la pasión y el deseo, dominaban mi mente y todo mi cuerpo en esos momentos de locura. “Vamos dentro, a mi habitación” le propuse. Y comencé a andar. Ella me seguía. La música  fue apagándose, mientras nos alejábamos del jardín camino a mi habitación. Una vez en la habitación, me quedé quieto, de pie, mirándola. No acababa de creérmelo. La hermana de mi ex, había venido a mi casa a provocarme y a follar conmigo; allí estaba, dentro de mi habitación, desnuda, y yo iba a follármela, sabiendo que era una locura. Había perdido el juicio, pero en esos momentos ni pensándolo mi cuerpo reaccionaba. Ella tomó la iniciativa. Me quitó la camiseta. Acarició mi pecho con sus manos y  saboreó mis labios. Me quitó el pantalón corto, se arrodilló y comenzó a acariciar mi pene con su lengua.  Metí mis dedos en su coño,  estaba chorreando, la levanté y la tumbe en la cama, mi lengua comenzó a acariciar su coño mientras uno de mis dedos lo introducía en su ano, así llegó a su primer orgasmo. Subí hacia ella y comencé a besarla mientras deslizaba mi polla por su coño evitando que entrase, y al final la penetré y la follé con una pasión desbocada. Me corrí varias veces, mientras ella no paraba de correrse una y otra vez. A final, quedamos tendidos sobre la cama, abrazados, con una sensación placentera,  acariciando nuestros cuerpos como dos enamorados. En su rostro se veía una expresión de extrema felicidad.

Hoy, un mes y medio más tarde, después de no haberle querido coger el teléfono y no contestar a sus mensajes escritos, donde se escribe el amor, me planteo dar un salto en mi vida e intentar buscar la felicidad que me faltó con su hermana junto a ella.

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