Empieza una nueva vida

Empieza una nueva vida.

Me llamo Andrés, soy catalán de pura cepa y vivo en Barcelona. Tengo 46 años y lo que voy a escribir me pasó hace ya algo más de un año llegando a su fin esta misma semana. No lo puedo superar. Sorry Cristina.

Me casé en Barcelona en el año 95 con la mejor mujer que nunca he conocido, madre de mis dos hijas y mujer que me ha hecho sonreír, cada día, cada mañana al despertar. Hemos sido una pareja muy complementada y comprometida con el día a día, con la educación de nuestras hijas y con todo los que nos ha rodeado todos estos maravillosos años.

Los hombres, por naturaleza somo un poco burros, infieles, dejados para muchas cosas y despistados en general. No creo que exista hombre que no haya fantaseado con mantener relaciones sexuales con otras mujeres, mujeres desconocidas, mujeres de propios amigos, escorts; mujeres famosas que cuando las vemos en revistas, pensamos que su sexo es de oro; tu propia mujer, que al llegar a casa te recibe con una amiga y te invitan a practicar sexo con las dos… esto, creo que alguna vez ,todo hombre lo ha pensado. Yo por lo menos si, y no una sola vez, sino muchas.

Mi mujer se llama Cristina. Hace un año, me llevé la mayor desilusión,  mayor fracaso y dolor de mi vida. Dolor que aún no he superado. Mi mujer trabaja en el Ayuntamiento de Barcelona como administrativa, como subcontrata de una empresa de gestión. Estos últimos años ha estado más ajetreada que nunca. Tenemos un piso a 20 km de Barcelona, en la población de Sitges y es donde descansamos y pasamos los fines de semana.

Hace un año, un día festivo aquí en Barcelona, al despertar les dije a mis hijas y a mi mujer de bajar a Sitges a pasar el día, y mi mujer me contestó que no iba a poder ser ya que tenia muchos trabajo que adelantar. No le daba la vida y  aunque fuera fiesta ella tenía que trabajar. No era la primera vez que sucedía así que no fue nada raro. Mis hijas y yo, nos montamos en el coche y nos desplazamos a Sitges a pasar el día, mientras mi mujer se quedaba en casa. Al llegar  al apartamento (una preciosa comunidad con piscina, pista de padel, barbacoa comunitaria… un lujo para mi), me dí cuenta de que no había cogido las llaves y no podíamos entrar en el piso. Así que me toco volver dejando a mis dos hijas ya mayorcitas en la piscina disfrutando. Sitges está muy cerca, pero la carretera es muy lenta y nos cuesta unos 35 minutos cada viaje, así que en cosa de algo más de una hora me presenté en el piso de Barcelona.

Al entrar, hubo un sobresalto, pero no les dio tiempo para nada,  me encontré a mi mujer con otra mujer en la cama. Las dos tapadas con la sábana, no fueron capaces de articular palabra y yo en estado de shock, recogí las llaves y me marché.

Hablé con ella y le di otra oportunidad, yo pensaba que no se me haría complicado superarlo,  había sido una de mis mayores y deseadas fantasías, pero no. Un año más tarde, un año mal durmiendo y sin dejar de pensar en lo que mis ojos vieron aquel día, no puedo y he decidido empezar una nueva vida.

Lo siento Cristina, lo siento hijas mías.

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