Escort, sexo en las calles de Barcelona

Escort, sexo en las calles de Barcelona

Las Ramblas de Barcelona se han convertido en el escenario habitual de la prostitución en la ciudad, y más concretamente de la prostitución que desempeñan grupos de mujeres nigerianas desde los últimos meses. Las prostitutas presionan a los clientes para mantener relaciones sexuales en la calle y en algunos casos en los portales abiertos de los edificios de la zona. Por lo visto la policía de Barcelona no es un problema. Las prostitutas en Barcelona de La Rambla se desplazan a las calles aledañas y buscan esquinas, recovecos… para tener los encuentros sexuales con los clientes.

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El principal eje de prostitución en Barcelona ha sido históricamente, y sigue siendo, el Raval, aunque desde hace años otras zonas de la ciudad también concentran esta actividad, que en algunos casos se ha ido desplazando, siempre sin salir de la misma área, bien por la presión vecinal, policial o por reformas urbanísticas. El consistorio y las oenegés tienen delimitados seis focos en los que se ofrece sexo callejero, repartidos entre los distritos de Ciutat Vella (dos puntos), Les Corts, Sant Martí, el Eixample y Sants-Montjuïc.

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La presión policial que se ha intensificado desde hace dos años en la Rambla y que fue reforzada con el cerramiento nocturno del mercado de la Boqueria, lugar donde algunas mujeres ejercían sexo exprés, ha desplazado una mayor actividad a calles cercanas del Gòtic: Petrixol y Portaferrissa. No obstante, el vecino Raval, en la zona delimitada por las calles de Sant Ramon, Robador, Sant Pau y Espalter, es, con diferencia, el que concentra mayor oferta de sexo de pago en un distrito en el que ni el plan contra la prostitución callejera, ni la vigilancia policial, ni la ordenanza han logrado acallar a unos vecinos que llevan años denunciando los graves problemas que les supone este negocio. Escort, sexo en las calles de Barcelona.

Tras Ciutat Vella, otro epicentro notable de prostitución está situado en las proximidades del Camp Nou y en la Zona Universitària (Les Corts), donde las recientes reformas urbanísticas junto al estadio eliminaron el descampado de la calle de Martí i Franquès, lugar habitual de travestidos, lo que ha ido desplazando la práctica callejera por los laterales de la Diagonal, el parque de Can Rigal (en la frontera de Barcelona y L’Hospitalet) y por la avenida de Joan XXIII, junto a la antigua masía del Barça.

Otros focos que visitan habitualmente las entidades que trabajan en defensa de los derechos de las mujeres, que colaboran con la agencia municipal para el abordaje del trabajo sexual (Abits), y que ya se han convertido en tradicionales del sexo de pago son la plaza de las Glòries (Sant Martí) y la calle de Wellington (a caballo entre Sant Martí y el Eixample), aunque en esta última ocasionalmente las prostitutas se desplazan de una vía a otra, hacia el parque de la Ciutadella, para burlar a la policía.

El último punto en el que actúa el consistorio al considerarlo un punto de concentración de prostitución está en la Zona Franca, más concretamente en la calle de Mare de Déu de Port, a la altura del cementerio de Montjuïc. No obstante, allí la realidad es diferente, porque la actividad sexual está estrechamente relacionada a un grave problema de drogas de esas mujeres.

Para los clientes que pidan o negocien, y cualquier conducta que promueva la prostitución callejera, la multa será de 1.000 a 1.200 euros, y de 1.200 a 1.500 si a menos de 200 metros de una escuela; si se mantienen relaciones sexuales retribuidas en la calle, será de 1.500 a 3.000.

Las fotografías son elocuentes. Prostitutas y clientes practican sexo en plena calle en el centro de Barcelona. Los vecinos están hartos y las autoridades municipales reclaman una reforma en las leyes para luchar contra esta práctica. Solo la presencia policial evita que las calles del Barrio Gótico de Barcelona se conviertan en un prostíbulo al aire libre. Allí han acudido las prostitutas y proxenetas expulsadas de las Ramblas.

Algunos comerciantes se han visto obligados a poner verjas en sus propios negocios para evitar que accedan hasta la misma puerta de sus locales a realizar sus “trabajos. Durante el día son calles turísticas en las que nada hace suponer en lo que se convierten por la noche. Cualquier rincón es válido para convertirlo en un burdel.

Ellas, las ‘trabajadoras del sexo’ argumentan que el Ayuntamiento les cerró los prostíbulos donde trabajaban y se han visto obligadas a volver a la calle pues es el único lugar donde pueden trabajar. Escort, sexo en las calles de Barcelona.

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