La joven escort del bar en Sevilla

La escort del bar en Sevilla

Fue un encuentro casual con la escort del bar. Los mejores suelen ser así. Cuando sales sin esperanzas de nada. Sólo por salir a tomarte una copa sin más pretensiones. Me acerqué a la barra y saludé a un colega. De pronto la vi. Se acercaba a la barra con un vestido de color lila, ella mantuvo su mirada en la mía. Fue un primer momento electrizante.

Un calor intenso me subió desde mi hasta la cabeza. Más tarde me dijo que me estaba follando desde el primer momento en que me vio y realmente lo sentí así.

Me fijé en ella. Su cuerpo menudo, ágil, su media melena rubia, sus grandes ojos avellana, sus labios finos pero sensuales. Cada vez que se acercaba a la barra las miradas eran más intensas y descaradas entre nosotros.

Pregunté a mi amigo por ella y me dijo que era una chica de aquí de Sevilla, pero estaba en dudas si era una escorts sevilla o no puesto que más de una vez la vio saliendo con algún hombre. Para mi ya estaba más claro que el agua, la tía era una escort de sevilla, tengo buen ojo para reconocerlas. La escort se llamaba Valentina. Entre tantas miradas cruzadas entre nosotros la mujer pasó a presentarse. Al darnos dos besos me acerqué a su oído y susurré:

– ¿Estás pensando lo mismo que yo?
– ¿Tu qué crees? -respondió con otra pregunta y se dio la vuelta, alejándose coqueta.

Las miradas se volvían más intensas por momentos adornadas por sonrisas cómplices. En uno de sus acercamientos a la barra me preguntó si la esperaba a su salida. Le esperé mientras me tomaba un Vodka-tonic. Mis miradas de deseo le ponían nerviosa.

Al cabo de un rato fui con la escorts sevilla a un hotel muy cercano al bar. No era nada elegante, era un hotel totalmente normal con una gran cama y cristales en el techo. La escort sevilla, me tumbó sobre la cama y su mano se apoderó de mi polla. Sus dedos comenzaron a moldearlo a conciencia mientras lo observaba con curiosidad como si de un juguete nuevo se tratara. Acercó sus labios a él y comenzó a besarle mientras me miraba con sonrisa pícara, la escort del bar lo disfrutaba, le gustaba ver mi reacción mientras juega con mi polla.

Comenzamos a movernos despacio, sigilosos hasta que comenzó el desenfreno y la desesperación de ambos por follar. Ella cada vez gemía más y más, allí estaba la escorts sevilla, esa escort del bar, húmeda y excitada.

Sin Comentarios... ¡Escribe Uno!

Sé el primero en unirte a esta conversación.

¡Danos Tu Opinión!

  • (No será publicado)