Quizas me pasó, quizás lo soñé

Quizás me pasó, quizás lo soñé

Tenía veinte años y me fui de vacaciones con una amiga y su familia a Barcelona. La situación económica de mi casa no nos permitía lujo alguno y llevábamos unos cuantos años sin salir a pasar unos días de vacaciones. Bastante gasto era para mis padres pagarme la carrera. Tuve la invitación y la acepté. Después de varios días por Barcelona, la mañana del jueves, mi amiga se fue con su madre a cambiar una minifalda defectuosa que el día anterior había comprado, sin percatarse del descosido. La noche del miércoles nos fuimos a dar una vuelta después de cenar y se nos hizo un pelín tarde, así que al marcharse mi amiga con su madre, a  mí me dejó dormir. Me desperté sobre las doce del medio día, y me marché directa a la ducha. Iba en ropa interior y una camiseta, así que cuando salí, corrí de nuevo a la habitación y cerré rápido la puerta. No me dí cuenta de que el padre de mi amiga estaba dentro recogiendo la habitación, así que cuando cerré la puerta se asustó y se giró, asustándome a mí a la vez.  Me pidió perdón por haber entrado, pero me dijo que se había asegurado de que yo no estaba, porque había oído la ducha. Con una sonrisa yo le dije que había confianza, cosa que no había demostrado al salir pitando del baño y entrar en la habitación cerrando de un portazo. Me dijo que  recogería la habitación cuando yo terminase de vestirme y que le preparase mi ropa sucia para echarla a lavar.

Me acerqué a la mesa donde estaba la ropa que me había quitado antes de acostarme, diciéndole que la ropa interior que llevaba puesta yo misma la meteria a la lavadora. Fueron palabras que nada más decirlas sentí como mi cuerpo se excitaba, a la vez que el padre de mi amiga, un hombre muy atractivo por cierto, dirigía  su mirada a mis zonas más intimas. Al darle la ropa, sin querer rozó mi pecho con el antebrazo y la excitación subió de inmediato.  Me volvió a pedir perdón y yo le dije que no importaba, y le sonreí. Se hizo un silencio largo y entonces cogí su mano muy despacio, y la desplacé  hasta mi pecho, empezando a acariciar mi pecho con su mano  dulcemente. A mí me excitaba cada vez más que un hombre mayor me deseara y ver cómo un bulto crecía en su pantalón me ponía a mil. Entonces le dije algo que sabía que le iba a poner como un toro: le pregunté llamándole por el apellido y tratándolo de usted si le gustaban las tetitas de la hija de su amiga. Acto seguido, respondió cogiéndome por mi cintura y  apoyándome en la pared. Me quitó la camiseta y empezó a acariciar mis pechos suavemente con su lengua, a la vez que sus manos acariciaban mis glúteos. Yo me apoyé con las manos sobre su cabeza, obligándole a no salir de mis senos. Notaba como mi sexo se humedecía cada vez más. Llevé una de sus manos hasta mis braguitas y la apreté. Él estaba fuera de sí y esto me excitaba cada vez más. Lo  separé de mi cuerpo y rápidamente me arrodillé frente a él, le bajé los pantalones, saqué su pene erecto gordo y brillante y comencé a lamerlo con desesperación. Él emitía  gemidos y suspiros cada vez más intensos, su  respiración se aceleraba a la vez que su corazón y levanté la vista, nos miramos fijamente y yo le sonreí  a la vez que deslizaba mi lengua sobre su pene.

Me di la vuelta y me tumbé en la cama boca abajo, levantado mi culito hacia arriba y le dije que me lo comiese desde atrás.  Noté cómo se colocaba tras de mí y me agarraba las nalgas, colocando sus pulgares a lo largo de mis ingles. Empezó a lamer mi clítoris, a la vez que deslizaba su lengua entre mis labios sin olvidar de humedecer con su lengua mi ano. Pasaba su lengua entre mis labios y le daba golpecitos a mi clítoris, e hizo que me corriera así la primera vez. Nunca me lo habían comido así de bien y quise seguir en esa postura y buscando más orgasmos. Se dio la vuelta y se puso mirando al techo, a la vez que introducía su cabeza entre mis nalgas para seguir comiéndolo. Introdujo uno de sus dedos en mi ano, mientras su lengua seguía jugando entre mis labios y provocó mi segundo orgasmo. Me incorporé y le pedí que me follara, nunca había deseado tanto que me follaran, que me penetrasen y que lo hicieran bien. Puso su polla entre mis labios y la deslizó varias veces sin llegar a introducirla. Me sujetó por los hombros y yo le pedí que me penetrara con fuerza, estaba muy muy cachonda y deseosa de sentirla dentro de mi, y de una sola vez, golpeó con fuerza introduciéndola entera de un sólo golpe. Me dolió un poco, no demasiado como para hacerle parar y de inmediato la sensación se transformó en placer. Comenzó a embestir mi cuerpo cada vez más fuerte, a la vez que yo le gritaba “más, más”  y agarró mis dos  pechos con la misma mano. Yo me giraba y le miraba lujuriosa, llamándole, diciéndole que me follara, que me follara fuerte, “Fóllame, fóllame, fóllese bien a la amiga de su hija”. Él no pudo más y me anunció su corrida. Yo no quería que parase y mi excitación en esos momentos era tal, que le dije que me llenara el coño de leche. Yo estaba a punto de correrme por tercera vez y en el momento que sentí su leche dentro de mí, me corrí, No podíamos acabar así y le pedí que me comiese mi coño un poco más, que probara su propia leche y me besara después. Y así fue como terminamos.

Me volví a la ducha a los pocos minutos de haber terminado, volviendo a la realidad y pensando que mi amiga y su madre podían volver  en cualquier momento del recado que habían salido hacer.

Después de aquella experiencia, he estado muchas veces con todos ellos y el padre de mi amiga, nunca se ha sobresaltado al verme. He coincidido con el a solas mientras mi amiga estaba en la ducha y al mirarlo me hace pensar que nada pasó. QUIZÁS ME PASO, QUIZÁS LO SOÑÉ.

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