Sexo en la consulta Barcelona

Sexo en la consulta Barcelona

Sexo en la consulta Barcelona. Soy Marta, una  joven guapa y atractiva chica de Barcelona. Despierto sobresaltada de la cama, con el corazón acelerado y llevo una de mis manos a mi pecho, como si así pudiera controlar las fuertes palpitaciones de las que estoy siendo protagonista. Miro alrededor y observo que estoy en mi cama, en mi habitación y que acabo de soñar con mi ginecólogo al que tengo que visitar en cuarenta minutos. Sexo en la consulta Barcelona

Me quedo parada aquí, mirando a la nada y riendo. Anoche me acosté con la cita en la cabeza y por ello he soñado con Alberto. Y porque está muy, pero que muy bueno. Nada comparado con Oscar, mi antiguo ginecólogo de unos cincuenta años, gordo y pelón. Desde que Alberto entró al centro de salud, cojo revisiones generales a cada tres meses, pero hasta ahora, por ver a aquel rubio treintañero y nada más, sin ningún tipo de intención sexual.

Toco mis bragas y las descubro mojadas. No me extraña, valla polvazo estábamos echando. Sonrío mientras quito la camiseta agujereada que tengo por  pijama y me introduzco en la ducha, tengo que hacerlo corriendo, la cita es en menos de treinta minutos. Una vez enjabonada, cojo la alcachofa para enjuagarme. Acerco la alcachofa a mi coño para enjuagarlo bien, me gusta ir aseada al médico, sobre todo si ese médico te va tocar el conejo durante 15 minutos, y de mi boca sale un ligero gemido que me hace comprobar lo sensible y caliente que estoy aún. Necesito introducir la alcachofa en mi coño y acelerar la presión del chorrito para correrme antes de marchar, pero no da tiempo, tengo que hacer mil cosas más antes de salir de casa.

Abandono la idea y salgo a regañadientes y luchando conmigo misma para disponerme a secar el pelo, vestirme y maquillarme un poco. Especialmente hoy, tengo la necesidad de ir guapa al médico. Sexo en la consulta Barcelona

***

Señorita Marta.

La voz de la enfermera llega a mis oídos y entro a la consulta. Alberto se encuentra de pié junto al lavabo, tirando sus guantes y lavándose las manos. Se seca mientras yo espero paciente junto a la silla. Sé que se acercará a saludarme con un apretón de manos. Siempre lo hace y por supuesto no me equivoco.

-Hola Marta, ¿qué tal todo?.

-Bi.. bien-. Contesto tartamudeando y pensando que cojones estoy haciendo. Yo nunca tartamudeo. Y enseguida averiguo la razón de mi gilipollez. Las imágenes de él follándome bombean mi cabeza una y otra vez y a mí me da vergüenza.

Tras un corto tiempo preguntándome cosas necesarias para la exploración, la enfermera me indica que pase tras la cortina, me desnude y me suba a la camilla. No tengo prisa al hacerlo, con lo nerviosa que estoy, todo lo más que las bragas se enreden en mi pié y caiga allí despatarrada con todo el potorro al aire. Subo en la camilla y la mujer regordeta me pone una especie de sábana de papel por encima, de la que después de varios años usándola en cada visita, no entiendo la utilidad, ya que de todas maneras el doctor va ver tu coño más profundo que nadie. Con sábana o sin ella.

Llaman a la puerta y abren directamente, sin esperar un simple “adelante” por parte del doctor o la enfermera. La cortina que tengo frente a mí está abierta y cuando ese médico entra en la consulta sin más, agradezco tener la puta sábana de papel a la que le acabo de encontrar utilidad. Hago un corte de manga interiormente a la vida por darme ese “ZAS, en toda la boca” en un momento tan crítico de mi día.

– Emma, ¿puedes bajar? Te buscan y es importante?. Esta mira al médico y él asiente.

Cuando la enfermera sale de la consulta, Alberto se acerca a mí, coloca un banquete frente por frente y se sienta colocándose los guantes y pasando su cabeza por debajo de la sábana.

Echo la cabeza hacia atrás en el primer contacto. Intento no pensar en nada, estoy muy sensible y el sueño de esta noche no ayuda mucho. Despliega mis labios y introduce un dedo hasta el fondo, apretando para explorarme bien .

-Ahh!-. Dios mío, un jodido gemido a salido de mi garganta sin yo darle permiso. A sido leve y espero que Alberto no lo haya oído.

Sí. Lo ha oído.

¿Por qué lo sé? Porque a parado y a sacado su cabeza de la sábana para mirarme un poco ruborizado.

Noto el calor corporal quemando en mí. 10% por la vergüenza que siento ahora mismo, el otro noventa porque estoy cachonda como una perra y no lo puedo disimular, aunque lo intento quitando la mirada de su rostro y aparentando que no ha pasado nada. Que ese gemido nunca ha existido.

No habla. Mueve su banco con ruedas hacia el monitor que se encuentra a mi derecha y coge “el palo” de la camarita para hacerme una ecografía interna. Coloca un preservativo y una crema lubricante para mejorar la penetración.  Ya conozco el procedimiento y sé que la crema va estar muy fría, pero esta vez reacciona en mi cuerpo de manera distinta, el frío hace un perfecto contraste con mis llamas internas y vuelvo a gemir.

– Joder -. Susurro inconscientemente. Alberto me mira y las palabras salen de mi boca sin pensarlo. – Lo… lo siento, n.. no sé qué me pasa. Sexo en la consulta Barcelona

Tierra trágame y no me dejes salir nunca jamás.

Rezo por que entre la enfermera e interrumpa este incómodo silencio, pero eso no pasa.

– Tranquila, suele pasar. Estás susceptible y receptiva. Quizá sea que va bajar la menstruación y estás sensible.

O quizá también puede ser que  quiero follarte hasta caer desmayada.

– No te preocupes ni te avergüences Marta, pasa mucho. Sexo en la consulta BarcelonaSexo en la consulta Barcelona - Escort en Escorts2000

Y no sé porqué pero no lo creo. Tampoco contesto, vuelvo a echar la cabeza atrás y pienso en el anterior ginecólogo, con su gran calva perfectamente redonda y su barriga cervecera. Es inútil. Saca aquel estúpido palo al que odio ahora mismo con todas mis fuerzas por hacerme pasar este mal rato y vuelve a tocar mis labios. Siento cómo le lubrico más y más, y espero que la enfermera no tenga que llegar con la fregona para recoger el charco del suelo, que juraría que incluso escucho caer flujos al suelo; o no. Quizá sea mi jodida mente. Sexo en la consulta

Pego un respingo al notar su mano esta vez sin guante y me sorprende ese gesto, nunca un ginecólogo me había tocado sin guantes. Alzo la cabeza y abro los ojos, Alberto se encuentra de pié, mirándome con una capa de oscuridad en sus ojos grises.

Lujuria.

Roza mis labios suave y delicadamente, una y otra vez, para hacerme conocedora de que ya estos movimientos no pertenecen al reconocimiento. Sexo en la consulta Barcelona

Introduce un dedo enérgicamente y gimo, pensando que si lo hace de nuevo no podré aguantarme las ganas de correrme.

La puerta no tiene el seguro echado, puede entrar la enfermera en cualquier momento. Ahora sí que deseo con todas mis fuerzas que la hayan raptado o algo y que no aparezca por aquí. Fuera hay pacientes esperando  y yo tengo que reprimir mis gemidos, pero entre este tío que está buenísimo, el sueño de esta noche y toda la situación pueden conmigo y con mi poca razón.

Comienza a darle velocidad a los dedos y cuando creo que me voy a correr intensamente después de varias horas queriendo hacerlo, aparta sus manos de mí y vuelve al taburete. Se sienta, abre separa mis labios de nuevo y comienza a lamerme con la lengua repetidas veces y veloz. Sexo en la consulta

– Arrg Marta, sabes tan bien…-. No sabría describir como ha sonado su voz, un susurro ahogado con un gruñido que a mí me han vuelto loca.  Sexo en la consulta

Agarro la sabanita con fuerza y me retuerzo en el sillón, el muy cabrón chupa mi botón y lo absorbe mientras mete dos dedos y yo ya no puedo más. El calor me abruma y las mejillas me queman, las piernas se mueven nerviosas hacia los lados y doy gracias a que estén sujetadas por los dos cacharritos laterales de la camilla.

-Córrete Marta. Me ordena y yo como chica buena que soy lo hago, mientras sigue comiéndose mi coño -y creo por los movimientos de su cuerpo- tocándose el mismo.

Mi vista se nubla y cierro los ojos para disfrutar completamente de este orgasmo tan esperado y de repente, siento un buen trozo de carne incrustarse en mí mientras me corro y mis paredes vaginales se encogen atrapando esa gran polla que ahora mismo se está empapando con mis fluidos. Sexo en la consulta

– Si, oh Alberto, sí, sí-. Grito dislocada mientras él intenta callarme posando la mano en mi boca, pero sin embargo, no para de embestirme cada vez más fuerte. – No pares por favor. ¡Me corro!

Y él me acompaña, derramándose dentro de mí con un grito ronco proveniente de su masculina garganta a la que en este momento le cuesta tragar.

 Sale de mí y se recompone los pantalones y la bata, mientras yo pienso que esto ya lo he vivido antes, o al menos, lo he soñado.

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