Una escorts

Una escorts

Llegué a España en el año 2005, cuando gran parte del mundo hablaba de las ventajas laborales que existían en este país. Falso… En este país ha habido mucho empleo pero yo nunca he llegado a conocer un empleo digno. Todas las ofertas de trabajo que recibía eran precarias, no sé si por mi juventud o por que los empresarios de este país se querían aprovechar de las personas como yo (emigrante). He trabajado en restaurantes, en tiendas de ropa, en discotecas como modelo de imagen, limpiando pisos y portales, repartiendo publicidad… y en ningún momento de los tres primeros años, conseguí una estabilidad como para poder crecer. Soy administrativa por cursos que he ido realizando con el tiempo y la verdad es que  no me ha servido de nada a título profesional, pero sí a título personal. He entregado muchísimos CV para entrar en cualquier empresa como auxiliar o como administrativa, pero no ha habido manera;  a eso le tengo que agradecer lo que soy a día de hoy.

Cuando me llamaban para cualquier entrevista de trabajo y yo acudía tal y como soy (una chica extrovertida, alegre, sexy, capaz de excitar a los hombres con mi presencia), lo pasaba fatal. En muchísimas de esas entrevistas, me ofrecían empleo, con el plus de poder tener relaciones sexuales con el jefe. Como no, yo me asustaba y salía del despacho sin mediar palabra, o en alguna ocasión amenazando que lo iba a denunciar.

Con el tiempo y sin manera de encontrar trabajo, me planteé volverme escorts. Tenía que pagar el alquiler de mi piso, comer y tener un mínimo de dinero para poder desahogar y equilibrar mi mente. Me informé sobre el mundo de la compañía y decidí probar. Pensé que se me haría muy duro , pero tenía que salir adelante y en este caso la herramienta de trabajo iba a ser mi cuerpo. Lo hice, no fue fácil al principio pero mi mente se acostumbró en muy poco tiempo, no sé si era que me gustaba el trabajo o que el dinero que ganaba lo equilibraba todo. Es un mundo curioso, al principio piensas que los hombres que vas a atender van a ser mayores, pero no es así. Los hombres que me visitaban en mi piso, eran chicos de entre 20 y 40 años, edades que no te hacen huir con los ojos cerrados. Empecé cobrando 60€ la media hora por un servicio normal y 100€ la hora. Pasé de no tener ni un solo euro como se dice aquí, a tener 300€ el primer día, y a ver como cada día que pasaba mi clientela aumentaba llegando a tener que decir que no. Llegué a no tener horas libres en todo un día, era tan alucinante como esclavo. En cosa de un año, decidí cambiar mi manera de trabajar y subí mi cuota a 300€ la hora ya que con  mi atractivo cuerpo me lo podía permitir; así pasé de ser una escorts normal, a ser una escorts acompañante de lujo. Hoy en día, no atiendo a más de 5 personas por día, pero la rentabilidad es la misma o mayor que antes trabajando sin parar.

He encontrado mi lugar, y ahora sí que puedo decir que tengo estabilidad.

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